16 de mayo de 2007

EL BUROCRATA GIARONE Y LA DEMOCRACIA

Dice el que no dice lo que quiere decir:
Democracia
Dice el que no dice, mas quiere decir:
Democracia
Desde que el mundo es mundo
Ciudades y pueblos
Imperios y colonias
Amos y esclavos
Unos y otros
De la democracia dicen
A sabiendas, flirteo y cortejo
Manipuleo
A horcajadas, deseo y decepción
Balbuceo
Todos la invocan
Horma erga-omnes
Calzón maloliente/ horizonte inalcanzable:
Democracia

Texto jacobino


I

Los bolcheviques creían que la burocracia era parte del enemigo, paradigma de la organización política zarista. Sin embargo, instalados en el poder tras la revolución, descubrieron que el componente humano de esa burocracia, tecnócratas y funcionarios burgueses, era insustituible mediante cuadros obreros, fundamentalmente porque los mismos no existían. Los bolcheviques se vieron obligados entonces, a mantener en funcionamiento al viejo aparato administrativo imperial, dentro del marco de la nueva organización política y social naciente, en los períodos sucesivos de la economía de guerra y de la NEP. Con el paso de los años y a partir de la formación de nuevos cuadros surgidos de las filas proletarias, la composición de la burocracia fue variando, mas no en función de su progresiva desaparición.
El sociólogo Max Weber, uno de los principales teóricos que se ocupó del tema, entendía que en las comunidades modernas, la burocracia era un componente institucional necesario. Sus apreciaciones no se referían tan sólo al estado y a su ámbito específico, sino que alcanzaban al conjunto de las asociaciones que se interrelacionan en la sociedad: “la necesidad de una administración más permanente, rigurosa, intensiva y calculable, tal como la creó el capitalismo (sin la cual no puede subsistir y que todo socialismo racional tendrá que aceptar e incrementar), determina el carácter fatal de la democracia como médula de toda administración de masas (estado, iglesia, ejército, partido, asociación de interés, etc)”. La posición de Weber no implicaba una mera declaración de principios imbuida de ideología. Ya que basta con repasar la genealogía y el ulterior desarrollo de cualquier serie de instituciones tomadas al azar, para constatar que todas y cada una de ellas, desde las organizaciones de trabajadores hasta los organismos internacionales de crédito, si no presentan una burocracia establecida, llevan en sí a su germen, presto a madurar cuando las circunstancias así lo requieren. Una vez más, el ejemplo bolchevique es elocuente. El lema revolucionario “todo el poder a los soviets” fue perdiendo sustancia a medida que el proceso revolucionario tendía a resolverse en la férrea burocracia de la dictadura estalinista. Cabe preguntarnos entonces: si a partir de una lectura atenta de los textos de Max Weber, y de una subsiguiente constatación empírica de sus apreciaciones, concluimos que la burocracia es una presencia inevitable en la vida de las instituciones, tanto en las sociedades capitalistas como en las socialistas; y si, como consecuencia de esto, deducimos que de la calidad de su administración depende en gran medida la salud de aquéllas ¿qué nos lleva a otorgar al término burocracia un sentido peyorativo? ¿cuál es la raíz de la aporía?


II

La AJB es una típica institución que actúa y cumple un rol específico en una sociedad capitalista. Como tal, presenta una burocracia de cuadros que diluyen su accionar en la opacidad propia de la organización. Hasta aquí, no tenemos flancos débiles para atacar; una vez más, el sindicato de los judiciales de la provincia de Buenos Aires es, como no podría ser de otra manera, una institución que posee una burocracia bien establecida y que cumple las tareas que le son propias. Pero la cuestión se abre cuando insertamos en el análisis a las bases (que, como su nombre lo indica, constituyen el fundamento mismo de la existencia del sindicato), para intentar determinar qué relación las une con la burocracia (si es que existe tal relación).
Daniel Giarone, durante una asamblea desarrollada en Quilmes en ocasión del último paro provincial, resultó elocuente respecto a lo que la comisión provincial entiende por democracia, legitimidad y representatividad. Luego de una sucesión de cruces verbales con diferentes compañeros que cuestionaban la actitud timorata de los dirigentes, Giarone se despachó con una declaración de principios: según él, la legitimidad de la conducción provincial, su representatividad incontrastable, se sustentaría en las elecciones ganadas en agosto de 2006. Su apología de la democracia representativa (la de un burócrata) abrió entonces una fisura en la estructura teórica que sustenta las bondades de la burocracia. A partir de allí (de la contundencia de sus afirmaciones), y muy a su pesar, la crítica de la burocracia que él representa se tornó más sencilla desde una perspectiva de bases.


III

1) ¿Qué entiende el secretario general de San Martín por democracia? Louis Althusser decía que las palabras son armas, antídotos y venenos. Afirmaba también que el resultado parcial de la lucha de clases, en ocasiones, podía consistir en la imposición del significado dominante de una palabra litigiosa. Los constituyentes originarios que en 1853 sancionaron la Constitución Nacional tuvieron el buen tino de excluir de su texto cualquier referencia a la democracia. Los fundamentos de la decisión pueden encontrarse en la doctrina de Rousseau, quien sostenía que la democracia es directa o no es democracia, y en el constitucionalismo liberal norteamericano, puesto que la constitución de los Estados Unidos (que sirvió como modelo para la nuestra) tampoco menciona al término, siguiendo la línea de El Federalista, que sólo lo incluye para realizarle severas críticas. Indudablemente, tanto los constitucionalistas norteamericanos como los argentinos, eran conscientes de la ambigüedad de la palabra democracia, sujeta a múltiples interpretaciones desde su acuñamiento en la Atenas de Pericles; se percataban, además (a partir de una correcta lectura de Rousseau), que su inclusión en las cartas magnas respectivas podía ocasionar serios perjuicios a los intereses que, en última instancia, representaban.
Sin embargo, y en consonancia con ideas surgidas durante la Revolución Francesa, políticos y prosistas de diversos colores y vertientes supieron instalar mediante un uso programático e ideológico del vocablo (oculto tras una supuesta discrecionalidad) su moderna significación, que la reduce a una supuesta participación indirecta del pueblo en la toma de decisiones políticas, resumida en la sentencia termidoriana “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. Eclipsada por la hegemonía de su concepción indirecta, la democracia ha perdido sus resonancias libertarias y actualmente se desliza sin dificultades por la lengua de reacción más recalcitrante.
Giarone, orador competente, en un arranque de pedantería cesarista, intentó ningunear el clamor de una asamblea desde la supuesta representatividad obtenida por la conducción provincial a partir de su triunfo en las elecciones. Resulta clara, a partir de sus afirmaciones, la adhesión de Giarone a la concepción indirecta de democracia, contraria por naturaleza a la democracia de bases. Porque más allá de sus reiteradas invocaciones al decisionismo asambleario, que actuaría como aval democrático de la política salarial de baja intensidad que lleva adelante la comisión provincial, lo cierto es que puesto entre la espada y la pared y necesitado de justificar lo injustificable, hizo honor a la actitud socrática de conservar la ética en situaciones límites, contradiciéndola.
La democracia, según Alain Badiou, “tal y como la entiende la propaganda actual, designa expresamente una forma de gobierno, la representación parlamentaria, cuyo protocolo de base es la elección y cuyo lugar es el sistema de Estado-partidos. (...) El compromiso (de una subjetividad particular) con el parlamentarismo (o presidencialismo, ya que lo esencial de su análisis radica en el problema de la “representación” de la presencia) presenta dos caracteres: - subordina a la política al lugar estatal (el único acto político colectivo es la designación del personal de gobierno) y –exige como condición reguladora la autonomía del capital, los propietarios, el mercado”. El triunfo (¿definitivo?) de los cultores de la “democracia indirecta” en el sindicato consolida la división estamental del mismo, socavando la participación activa de las bases en la toma de decisiones y consolidando a una casta de políticos en la gestión burocrática.
Primeras líneas a modo de conclusión: a) el problema de la burocracia en un ámbito de “democracia representativa” es el del autismo e impermeabilidad de sus cuadros frente a los requerimientos de las bases. b) la “bajada de línea” se establece como práctica regular y necesaria en el contacto de los estamentos (verticalismo). La burocracia dispone para esto de su aparato comunicacional.
2) ¿Qué entiende el secretario general de San Martín por legitimidad? Nadie en su sano juicio cuestionaría la legalidad de los dirigentes. En efecto, ocupan las posiciones jerárquicas del sindicato a partir de haber ganado unas elecciones celebradas dentro de los marcos normativos del estatuto. Sin embargo, cualquier alumno de primer año de derecho, tras haber cursado dos o tres clases de la asignatura derecho político, ya conoce la distinción clásica entre legalidad y legitimidad. A grandes rasgos, podríamos plantearla de la siguiente manera: la legalidad es una precondición necesaria para el ejercicio del poder en un estado de derecho; la legitimidad, por su parte, es derivada y responde al grado de aceptación popular de las políticas y de las personas que asumen legalmente o no la representación. La legalidad, en consecuencia, es juzgada institucionalmente y responde a criterios técnicos, mientras que la legitimidad es atribuida desde lo extra institucional y está sujeta al devenir de la opinión de las masas. La legalidad es un estado, una normalización; la legitimidad, en cambio, es una dinámica.
Cuando Giarone plantea que la legitimidad de la conducción provincial proviene de las elecciones ganadas, comete un error de apreciación imperdonable para una persona de su posición. La conducción provincial se hizo acreedora del derecho a ocupar los cargos jerárquicos del sindicato, mas no de un cheque en blanco librado por los afiliados. Ganar las elecciones implica, cómo no, una legitimidad de origen. Pero para sostenerla en el tiempo se necesitan mucho más que alusiones a la fotografía que constituye el momento inicial. Renovar una y otra vez el recuento de votos, sacándolo a relucir cuando las papas queman, es una práctica autocomplaciente que aleja de la realidad a los jerarcas, sumiéndolos en la paranoia de percibir un afán desestabilizador en cada crítica.
Más líneas a modo de conclusión: a) el autismo burocrático deriva de los equívocos que cimientan sus certezas b) la desconexión estamental se sustenta en la legalidad, no en la legitimidad, y erige un régimen de privilegios.
3) ¿Qué entiende el secretario general de San Martín por representatividad? Los judiciales son seres vivos: nacen, se desarrollan, se jubilan y mueren. Lamentablemente, Giarone no parece estar de acuerdo con nosotros. Al invocar el resultado de una elección, con el afán de ilustrarnos acerca del sustrato real de la representatividad que la conducción se arroga, el secretario general de San Martín retrotrae nuestra presencia a la frialdad del número que alguna vez reflejó la voluntad mayoritaria. Daniel confunde nuevamente los momentos y los significados. Si la representatividad se mide, de una vez y para siempre, a partir del conteo de votos, entonces se sostiene en el número debidamente acreditado en las actas del escrutinio y no en la presencia viva de los trabajadores. La representación según Giarone, se afinca en una ausencia de vida, o en una presencia contada, fiscalizada y debidamente archivada. Los trabajadores a quienes dicen representar los señores burócratas, son negados como presencia al ser homologados a guarismos pretéritos, concluidos. Las cúpulas, en definitiva, son las ganadoras de las elecciones y no las representantes de los trabajadores.
Señor Giarone: los judiciales vivimos, estamos presentes. La conducción del sindicato debería hacer el intento de representar a los trabajadores judiciales que sufren, día a día, las consecuencias de su desidia.
Líneas finales a modo de conclusión: 1) la confesa pretensión de matar a la presencia (trabajadores vivos) por parte de Giarone, se inscribe en el entendimiento de la representación como sustantivo (con un significado estable; trascendente; y que se basta a sí misma, ya que no remite a una presencia viva que la funde), en oposición a una concepción verbal o dinámica del término (se representa dinámicamente a una presencia viva). 2) la burocracia en la democracia indirecta es la consolidación de un régimen que busca representar a nadie (representa algo, números). 3) por último, Giarone y los demás dirigentes provinciales no son los representantes de los trabajadores, sino los representantes de la burocracia sindical (ahora sí, con fundamentos, en sentido peyorativo).


CENTRO DE ESTUDIOS AGUSTÍN TOSCO (CEAT)