21 de abril de 2006

1976 – 24 de Marzo – 2006



Por los 30000 desaparecidos.
Basta de “memoria” con desocupación, hambre y represión.
Memoria, Verdad, Justicia.
La única lucha que se pierde es la que se abandona.
Hace tres décadas sufrimos el golpe de estado más cruento de nuestra historia.

La Dictadura militar instaurada el 24 de marzo de 1976, puso en marcha un proceso de represión brutal para imponer en la Argentina un modelo perverso de concentración y extranjerización de la economía, endeudamiento externo, exclusión social, pobreza y miseria.
Marchamos para exigir el castigo del responsables y ejecutores del genocidio, para denunciar la impunidad y las nuevas formas de represión y continuar levantando las banderas y loso ideales por lo que dieron al vida nuestros compañeros.

Resistimos al olvido, pretendemos JUSTICIA y no perdón, y afirmamos claramente que el largo y complejo proceso de intentar cerra el auge abierto con el cordobazo, las clases dominantes y las superpotencias instalaron el accionar de bandas golpistas como la Triple A, que desataron el terror, la muerte, al represion, abriendo el camino para la instalación de la dictadura y formando parte de la misma.

Lugares de trabajo y universidades fueron la muestra cabal de ésta realidad, por eso hoy, en el nombre de Watu, Henrich, Loyola y cientos de compañeros bahienses asesinados, encarcelados, esanteados y expulsados, fueron la expresión del terror impuesto por el golpe.

El terrorismo de estado pretendió destruir la resistencia popular, romper los vínculos solidarios de la comunidad, desmoralizar a los luchadores e instalar la idea que hay un solo camino: el de los que mandan, los grandes grupos trasnacionales y locales, que han regido absolutamente todos los parámetros de nuestra macro y microeconomía desde entonces, con la destrucción sistemática de las conquistas laborales, de nuestra industria nacional, las pequeñas y medianas empresas de la ciudad y el campo, cooperativas, etc., cercenando las conquistas laborales creando las condiciones para un país en consumidor final de manufacturas de importación, propiciando la instalación de megaempresas petroquímicas que generan riquezas impensadas que lejos estamos de disfrutar, y nos hacen respirar a diario su veneno.
La desaparición y asesinato de 30.000 compañeros tenía un objetivo claro: insertar a sangre y fuego a nuestro país en el modelo del endeudamiento externo, del libre mercado, profundizando la dependencia. No caben dudas: la desaparición forzada de personas, el crimen organizado desde el aparato estatal y el cercenamiento de las libertades públicas, estuvieron dirigidos principalmente contra la clase trabajadora, y también contra intelectuales críticos, capas medias de la ciudad y el campo, religiosos, estudiantes y luchadores animados por ideales de liberación y por un cambio profundo del sistema dominante.
Tenemos la obligación moral y cívica de denunciar que aquel proyecto político, económico y cultural instalado por la dictadura, fue profundizado por los sucesivos gobiernos constitucionales, que pese a la resistencia popular traicionados por la burocracia sindical, traicionaron la esperanza de millones de argentinos, avanzaron en el camino que les marcaron los sectores fascistas, los grandes grupos de poder nacionales e internacionales, el FMI y la banca internacional, y fueron capaces de instalar la obediencia debida, el punto final y el indulto.
La deuda externa, varias veces pagada, ha sido permanente argumento de chantaje y frustración del sueño de una nación independiente.
Hoy por hoy, con el gobierno de Kirchner, la brecha entre ricos y pobres crece día a día, y mientras el gobierno muestra números macros del milagro del crecimiento económico, la riqueza que generamos todos los argentinos se distribuye tan o más inequitativamente que en la infame década del 90, basado en un salario reducido por la devaluación duahaldista, empleos en negro, impuestos al salario y planes jefas y jefes de hambre.
Estamos frente a un estado que opta por la destrucción deliberada de la educación y salud públicas, e instala por otros medios pero con los mismos métodos un estado terrorista, que cobró la vida de decenas de luchadores sociales, presos políticos e injusto procesamiento de compatriotas que han pretendido recuperar las calles por haber sido desalojados de las fábricas, como se expresa en Las heras con al militarización de las areas petroleras.

Cuentan con leyes, códigos de fondo y procedimiento, y hasta jueces de la dictadura, y un Poder Judicial que aplica un Código Civil para ricos, que garantice seguridad jurídica a inversionistas, y un Código Penal para pobres, que garantiza el aborto inmediato de toda resistencia popular. A esto se suma la complicidad de un estado que, a su vez, garantiza la impunidad de los genocidas con su doble discurso. Mientras por un lado se impulsa la derogación de las leyes del olvido, se bajan los cuadros de los dictadores del Colegio Militar de la Nación y se recupera el edificio de la ESMA para la memoria, por otro, no se desmantela el aparato represivo, se envian tropas para reprimir pueblos hermanos, como en Haiti, y no se garantiza el presupuesto necesario para que se lleven adelante los juicios a los asesinos.

Por ello, la conmemoración de este aniversario nos convoca a reflexionar, a poner mucho más en alto la memoria por las mujeres y los hombres que dieron su vida cargada de sueños y esperanzas.

También nos invita a asumir más profundamente nuestras responsabilidades, y brindar los mejores esfuerzos en pos de ser capaces de lograr una verdadera unidad para concretar la definitiva independencia.

En esta lucha radica la vigencia del 24 de marzo. La seguridad que la vida de miles de compañeros no habra sido arrancada en vano.

Juicio y Castigo a los genocidas de de ayer y de hoy.
Libertad y desprocesamiento a los 5000 luchadores.
Fuera gendarmería de Las Heras.
Por le retiro de las tropas de Haiti.
*Reivindicamos el derecho del pueblo trabajador a movilizarse frente a la represión.*


Por Flavio Meles
Departamental Bahia Blanca

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